La enajenación

12665818_485471158323279_2129709975_nPor Susana. Trabajar es para la mayoría de nosotros una obligación, una pena que tenemos que cargar diario y para el resto de nuestra vida. Nunca terminará y tendremos que cargar con ella para siempre, casi como una maldición.

Cuando me levanto y me alisto para ir a trabajar, algunas veces  pienso que mañana, pasado mañana, la próxima semana y tal vez dentro de un año todo será igual y esperar las vacaciones nunca sirve de mucho, porque estas siempre pasan rápido; nunca son suficientes para hacer todo lo pendiente. Entonces aparece un poco de nostalgia y ganas de estar fuera del trabajo y cuando mi patrón se me acerca y me pregunta ¿por qué estás triste, deberías de llegar más feliz al trabajo? me quedo pensando en que es casi imposible llegar feliz al trabajo cuando sabes que estas condenado a hacerlo una y otra vez para el resto de tu vida, o al menos hasta que te jubiles.

El trabajo no es malo, nunca lo ha sido y creo sinceramente que nunca lo será. Lo que pasa es algo llamado enajenación. Esa palabra es la culpable de que nos sintamos así. La enajenación explica que cuando nosotros vamos a trabajar invertimos horas de nuestra vida en producir un producto que poco o nada tiene que ver con nosotros. Pongamos por ejemplo una fábrica de acero; lo que nosotros producimos en esa fábrica no tiene nada que ver con nosotros como trabajadores, esos productos no forman parte de nuestra vida, y a veces ni sabemos a dónde irán a parar, ni quién los comprará.

Sin embargo, diario tenemos que ir a la fábrica y hacer la misma operación una y otra vez, dedicar horas y fuerza y, aparte, cumplir con todas las obligaciones que tenemos como trabajadores (no llegar tarde, no faltar, no enfermarse, no pedir tantos permisos para ir a las juntas de la escuela).

Por eso, cuando vamos a trabajar, lo que en realidad está sucediendo es que poco a poco el patrón se va quedando con parte de nuestra vida y a cambio nos da dinero. El dinero después lo gastamos en las cosas necesarias para vivir y alguna otra cosa que deseamos comprar por gusto, pero estas cosas no nos devuelven la vida que le hemos vendido a nuestro patrón.

También hay que mencionar que lo que nuestros patrones nos pagan no es lo que nos merecemos. Él siempre nos pagará menos de lo que producimos, y es de ahí de donde obtiene sus ganancias y se hace rico a costa de nuestro trabajo. Por eso, nadie se hace rico con trabajo honrado, todos los ricos se hacer ricos haciendo trabajar a otros, o sea, explotándolos.

Esta es la razón por la que muchas veces nos levantamos sin ganas de ir a trabajar, esta es la prueba de que estamos siendo explotados y la razón de que sintamos que poco a poco nuestra vida se va quedando en alguna parte. Y sí, nuestra vida la estamos dejando en todos esos productos que producimos en el lugar donde trabajamos. Por eso no debemos sentirnos culpables por odiar nuestro trabajo a veces, ni creernos esos cuentos de nuestros jefes de que somos flojos y por eso no progresamos. Más flojo y parásito es aquel que quiere hacerse rico haciendo trabajar a los demás y no trabajar él mismo.

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Acerca de kommy

El presente blog de “El Manual” es una extensión en línea de fanzine El Manual, que se hace, produce y publica en la escena de HardCore Punk de Monterrey, Nuevo León, México.
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